JAYAMARA es una comunidad musical autóctona que existe en Oruro, Bolivia desde el año 1983 y sus objetivos principales son: Valorar y difundir la música originaria y la cultura andina. Rescatar el uso de los instrumentos autóctonos del altiplano, las canciones y melodías que solo recuerdan los ancianos en el campo y tienden a perderse. Interpretar éste género musical utilizando entre otros, los siguientes instrumentos: Zampoñas, Pífanos, Khantus, Alma Pinkillus, Waca Pinkillus, Toro Pinkillus, Sicuris, Lichihuayos, P’usas, Italakes, Jula Julas, Huawcos, Tarkas, Moceños, Lakitas, etc. Don Fortunato Quispe Mamani, es un sabio aymará de 80 años y actualmente es uno de los mejores artesanos constructores de instrumentos musicales andinos que va quedando en Bolivia. Además es el maestro guía de la Comunidad Jayamara en el desarrollo y aprendizaje de esta musicalidad viva que se vincula con lo sagrado. La presentación de la Comunidad Jayamara en el Gran Carnaval de Iquique 2008 “Jallalla Festejañani” es una oportunidad ideal para revivir el intercambio cultural y musical que vivieron intensamente nuestros antepasados, cuando viajaban en caravanas y sus animales de carga, peregrinando por las fiestas religiosas y haciendo también el comercio de intercambio entre los pueblos desde el altiplano hasta el mar. Jayamara es una voz aymará que significa “años antiguos o tiempos remotos” La música autóctona que se interpreta hoy en día tiene raíces muy profundas en el tiempo, pues se utilizan las mismas escalas pentafonas y orientales con que se compusieron los primeros temas rituales en los orígenes de la civilización humana. Se vienen repitiendo con diferentes melodías, los mismos ritmos y tonadas que hacían bailar y celebrar a nuestros ancestros. En la quebrada de Tarapacá se mantienen vivas algunas costumbres y tradiciones muy antiguas, con maneras de celebrar bastante propias y originales usando la musicalidad espontánea que brota en el hombre de estas tierras y posteriormente se ha ido fundiendo con la influencia católica desde la evangelización española. Pero el peregrinaje del Dios Tunupa o Tawapaca, hijo del Dios Wiracocha , hace mas de 3500 años antes de Cristo ha quedado claramente inscrito en los innumerables tallados pétreos y geoglifos que se encuentran desde el centro de la Puerta del Sol en Tiawanacu hasta llegar al océano Pacifico bajando por la quebrada y la región que adoptaron el nombre en su honor y que los españoles no pudieron borrar: “Tarapacá”.